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miércoles, 21 de marzo de 2012

Sean Penn recibirá el Premio de la Cumbre de la Paz por labor humanitaria - CNNMéxico.com


En 2010, cuando dejó atrás el glamour de Hollywood para instalarse en Haití y ayudar a los damnificados por el terremoto (Getty Images). 


El actor será reconocido por los premios Nobel por su labor humanitaria tras el terremoto de Haití en 2010
Por Moni Basu

(CNN) — En Haití, el actor Sean Penn desdeñó la burla de los medios de comunicación por su inclinación para adoptar causas humanitarias. Alguien tenía que hacer algo después del devastador terremoto, dijo.
Ahora sus esfuerzos son reconocidos. Penn recibirá el Premio de la Cumbre de la Paz 2012 el próximo mes durante la reunión anual de los laureados con el Premio Nobel de la Paz.
Cada año, los galardonados con los Premios Nobel honran a una personalidad del mundo cultural o del entretenimiento que haya promovido la paz y defendido de los derechos humanos.
Los galardonados están honrando el trabajo de Penn en 2010, cuando dejó atrás el glamour de Hollywood y se instaló en las laderas de un club de golf privado en Puerto Príncipe, donde miles de haitianos sin hogar se refugiaban en tiendas de campaña improvisadas.
La organización caritativa que él fundó, J/P Haitian Relief Organization, administró el campamento de 50,000 personas, ayudando con alimentos, saneamiento y servicios de salud.
En esos momentos insistió en que se comprometería en ello a largo plazo, en que era más que una celebridad embajadora de buena voluntad que sacaba una sonrisa a los niños huérfanos sólo por un día.

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martes, 10 de enero de 2012

Haitianas dan su cuerpo por agua - El Universal





Las violaciones de niñas de hasta 2 años y la prostitución a cambio de techo y comida se han disparado tras el desastre.

Martes 10 de enero de 2012
Laura Castellanos / Enviada | El Universal





PUERTO PRÍNCIPE.— Es mediodía en el campamento más peligroso de Haití, el de la Plaza Champ de Mars, donde sobreviven 20 mil personas en carpas maltrechas instaladas en las plazoletas que rodean las ruinas del Palacio Nacional de Puerto Príncipe. Este es el prostíbulo infantil más grande del país, aún sumergido en la destrucción y en un proceso de descomposición social.

A unos metros del inmueble presidencial desplomado durante el terremoto del 12 de enero de 2010, está la tienda mugrienta donde una huérfana de 14 años se prostituye por alimento. Su cuerpo está en desarrollo: es menuda, regordeta, y sus pechos se marcan apenas bajo la blusa color naranja. La acompaña otra muchacha prostituta de 16 años. Su cuerpo luce los estragos de un embarazo reciente y no cuidado, producto de una violación: el cuerpo delgado, la piel opaca, el rostro manchado, los senos con estrías. EL UNIVERSAL logró hablar con las menores gracias a la intermediación de Jud Delva alias Duck, uno de los 22 jefes que controlan el territorio del campamento de Champ de Mars.

Alrededor de la niña de 14 años pululan otras de menor edad. Una quizá tenga ocho años. Trae un vestido azul, desaliñado. Hay moretones en su rostro y su expresión es vacía, de desvelo. La abraza un muchacho flaco y la vigila una anciana de mirada inquisidora. Hombres adultos de las carpas vecinas están al acecho de la conversación que Duck, un treintañero habilidoso y audaz, tiende entre las adolescentes, esta periodista y el videoreportero Alberto Torres. Hay tensión en los hombres. Parlotean en voz alta y Duck se pone en alerta sin interrumpir su mediación verbal. Las jóvenes se quedaron huérfanas tras la catástrofe que dejó un saldo de 230 mil muertos y un maremágnum de cerca de 700 mil personas refugiadas en más de un millar de campamentos que enfrentan cotidianamente el hambre, el hacinamiento y la violencia. Alrededor de 200 mil refugiadas son niñas y adolescentes.

—¿Qué hacen para vivir?

—Hacemos cosas que no deberíamos hacer— la niña de la blusa naranja esquiva la mirada.

—¿Cómo cuáles?

—Soy prostituta— se tapa la boca con la mano, baja los ojos y encoge los hombros en un gesto infantil de vergüenza.

—¿Cómo las tratan los hombres?

—No nos tratan bien, hay hombres que nos violan— las muchachas se arrebatan la palabra.

Los hombres asumen una actitud amenazante. Uno grita y golpea a un niño que rompe en llanto. “No quieren que ellas hablen, vámonos”, dice Duck. Debemos retirarnos del lugar.



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