viernes, 28 de septiembre de 2012

Los Elementos del Reino - Desde 2005: Ivonne Moreno Uscanga: NI MODO, AQUI NOS TOCO VIVIR


Jan Charles Guisado, Ivonne Moreno e Ignacio García


NI MODO ESTA VIDA NOS TOCÓ VIVIR:   
NOVELA DE JOAN CARLES GUISADO
Ivonne Moreno Uscanga

Texto leído en la presentación del libro del escritor catalán Joan Carles Guisado, en el que participararon, además de la autora, la Mtra. Ursula Ramos e Ignacio García.

Tras la lectura en los diarios y reportes de páginas web acerca de la lacerante violencia en nuestro país a causa del azote social del narcotráfico, e indignarnos, nos viene  bien,   de manera inmediata, situar dicha aberración  dentro de una atmósfera novelesca,   pues así   reubicamos al relato como esa constante de actualización en  la trama narrativa .
A pesar de tener importantes referentes en este género: Federico Campbell, Arturo Pérez Reverte, Elmer Mendoza, Francisco Martín Moreno y Ricardo Ravelo, la huellas del hampa ligada a los carteles de la drogas, parecieran tomar distintos parámetros cuando de exponer sus lastres se trata.
Los científicos sociales del siglo XX preocupados por darle un marco teórico a los estragos de la miseria contemplan la desigualdad como mal endémico de los sistemas totalitarios.
  Los primeros análisis estuvieron asociados con los preceptos de Malhus , Darwin y la ley de capilaridad social,  así se justificó la lucha humana por la supervivencia ,  en la actualidad, recrudecida, pues no se trata solo de sobrevivir, sino    de sojuzgar, mutilar y a veces matar por matar.
Foucault, lo vislumbró con  su radiografía del poder, Bordieu con su enfoque, estudia  al detrito social a causa de las rapaces hegemonías y en América Latina teóricos como   González Casanova, Bartra, Cardoso entre otros diagnosticaron a la miseria y desarticulación de clases social como detonante de la depauperización.
  Podamos dar hermenéutica entre principios antropológicos y políticos  a los actuales episodios del relato,  y agregar sentadas las bases  al periodismo, p como abrevadero   importante en las tendencias híbridas de la narrativa contemporánea.
Joan Carles Guisado no ajeno a este parámetro de declive axiológico se une a la forma de novelar a las voces enajenadas y dolientes.
Sus tiempos se cruzan entre  un pasado recurrente y días comunes sin visos de futuro.  El panorama de la historia Ni modo esta vida nos tocó vivir, se soporta en una infancia truncada por la desesperanza y la extrema pobreza o tal vez debíamos decir,  de niños miserables  con   sueños rotos, y algunos dulces recuerdos, como aliento y cobija de sus ilusiones. Seres mutilados anímicamente, sin   la certeza de convertirse en adultos realizados,  y uno de tales desencantos  estriba en quedarse sin regalos  las noches de Reyes Magos.


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domingo, 16 de septiembre de 2012

Ciudadano Klínex | Francisco Polo


 
La democracia española nos da muy pocas herramientas para participar en la vida política. Pero lo peor de todo es que no nos da ninguna herramienta realmente efectiva para influir en ella.

Lo estamos viendo: una manifestación tras otra y ningún paso atrás por parte de las élites políticas. Podríamos poner en marcha iniciativas legislativas populares, recoger 500.000 firmas y presentarlas en el Congreso. Desengáñate, no sirven para nada. Una vez llegan a la mesa, la cámara puede hacer lo que le dé la gana con ella. No tiene por qué aprobarla. Podríamos convocar un referéndum. Oh, espera. No, no podemos convocar un referéndum, sólo el Presidente del Gobierno puede. Y si lo convoca, en la mayoría de los casos, no es vinculante.

La solución, podríamos pensar, sería implantar en España una democracia directa o más mecanismos de democracia directa. No estoy de acuerdo.

La democracia directa es un concepto idealizado que en su ejecución lleva, en realidad, a soluciones poco democráticas. ¿Recuerdas el referéndum que se celebró en California para terminar con el matrimonio gay? A eso me refiero. Podría mencionar más casos pero creo que me sigues.

Y es que la Democracia no es solo votar. Un sistema no es más democrático cuanto más voten sus ciudadanos. La Democracia es articular un sistema de equilibrios y controles del poder que represente a las mayorías pero que proteja a las minorías.

Lo que hace falta es una democracia representativa de verdad y no lo que nos han vendido hasta ahora. La democracia representativa es probablemente el mejor sistema de gobierno que se ha inventado porque permite razonar las decisiones y buscar consensos que hagan que las mayorías no se impongan a las minorías. Vamos, que no se decidan cosas a lo bruto y se busque lo mejor para la convivencia.

Pero lo que nosotros tenemos no es una democracia representativa. De hecho, me atrevo a afirmar que lo que tenemos no llega ni siquiera a democracia sino que se queda en partitocracia.


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Joseph Stiglitz: “Un dólar un voto expresa el fracaso de la democracia” | Actualidad | EL PAÍS


El escritorio de Joseph Stiglitz es caótico, con papeles en todas direcciones. Es imposible ver el fondo. Sobre ellos, dos latas de Coca-Cola Light. No quedaba otra que poner la grabadora sobre tan frondoso forraje, de casi cuatro dedos de espesor. Su despacho en la Universidad de Columbia mira a la biblioteca. Está en la octava planta, altura suficiente para ver el perfil de Manhattan, corazón del capitalismo. Pero el calor pegajoso del verano se ocupó de poner una capa blanca de humedad para evitar distracciones.
Stiglitz, economista jefe del Banco Mundial hasta 2000 y Nobel de Economía en 2001, publica en España su último libro, en el que explica las causas por las que la desigualdad crece tan rápido en EE UU y trata de anticipar su impacto económico. Una obra que nace de un artículo que escribió en Vanity Fair, un vehículo poco usual para los académicos, y cuyo título se convirtió hace un año en el lema del movimiento social de protesta Ocupemos Wall Street. “El 1% de la población tiene lo que el 99% necesita”, señala el autor. De alguna manera, este trabajo es una vuelta a su origen, ya que la desigualdad en un contexto de crecimiento económico fue el tema de su tesis doctoral. Ahora explica que los mercados no son ni eficientes ni estables y tienden a acumular la riqueza en las manos de unos pocos. Trata de lanzar un debate en torno a El precio de la desigualdad. Cómo la división social pone en peligro nuestro futuro (Editorial Taurus).
Como si tratara de inyectar moralidad al capitalismo. El día de la entrevista, la revista New York lanzaba en su portada una pregunta que, por un lado, revela la nostalgia que los estadounidenses tienen sobre su pasado y, por otro, evidencia en su respuesta la polarización actual del debate en una sociedad inmersa en una batalla ideológica constante.
¿Está América muerta? [Se ríe] Eso es una hipérbole, una exageración.
Pero ¿incita a la reflexión? Cierto, porque claramente algo no funciona.
¿No cree que hay cierta obsesión de los estadounidenses con su propio declive? Hay un consenso amplio y muchas obras escritas sobre la cuestión. Resaltan que el concepto que tiene América de sí misma –ser número uno en todo– ya no está tan claro como antes. Seguimos siendo la economía más grande del mundo, pero China lo será en breve y no hay nada que se pueda hacer contra eso. Ya no somos la economía que crece más rápido, ni tenemos la renta por habitante más alta. Somos la mayor potencia militar, pero no somos capaces de resolver ningún problema. Mi libro aborda esa preocupación general. Además del sentimiento de ser número uno, EE UU se veía como un país con igualdad de oportunidades, como una sociedad justa. Esos eran los principios básicos sobre los que pensábamos que nos distinguíamos de los demás.

Obama ha decepcionado. pero con un republicano iremos hacia atrás”
La igualdad de oportunidades, la idea de llegar a lo más alto, es una de las bases del sueño americano. Es una noción muy fuerte de una sociedad justa. Fue lo que hizo que la gente emigrara hacia EE UU, buscando sus sueños. Ya no es cierto y es devastador para el concepto que los americanos tienen de sí mismos.


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viernes, 14 de septiembre de 2012

Envidio a Cataluña | Javier Salvador en Teleprensa


Javier Salvador. Periodista


Entiendo que me van a llover tortas por todas partes, pero lo escribo como lo siento: envidio a los catalanes. No obstante, tengo que puntualizar algunas cosas, aunque ciertamente muy pocas, porque me gusta como país, como modelo organizativo y, sobre todo, por ese sentimiento patrio que allí, como en Euskadi o Galicia han sabido no sólo transmitir de generación en generación, sino madurar y asentar, que no es lo mismo que radicalizar.
En estos momentos puedo imaginarme a muchos de mis amigos subirse por las paredes, pero estas cosas creo que hay que escribirlas por lo menos una vez en la vida para poder sentirte a gusto contigo mismo, decir eso que piensas realmente, aunque sea una locura para tu círculo más cercano, y poder decir que no te dejaste nada en el tintero cuanto realmente le tocaba salir.
Y sí, es el momento de dejar salir a la calle el debate de un estado federal, como Alemania o Estados Unidos, como Suiza y tantas otras naciones. Es cierto que a unas les va mejor, como a las mencionadas y a otras peor, como a Argentina o Venezuela que también son federaciones de estados o provincias independientes. En definitiva es un camino que España casi empezó a recorrer antes de que cualquier intento de expresión de libertad fuese sesgada por una dictadura.
Pero empezando por algo tan sencillo como significativo tal cual es una bandera. Siento envidia de ver esas caras de cientos de miles de personas que se sentían amparadas por los colores de su señera, capaces de defender y de dar no se sabe qué por ella. Igual sucede en el País Vasco, donde su bandera, al igual que en Cataluña, es un verdadero estandarte, una seña de identidad que les llena realmente. En definitiva algo que no sucede en este país, donde sólo se saca la bandera y a duras penas, en los partidos de fútbol y en las plazas de toros. Y esa, señoras y señores, era otra España.


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